Normalmente, cuando me encuentro estancada en mis pensamientos, o en mi vida, no escribo. No sé por qué hoy es diferente, pero definitivamente lo es. Sin motivo. O igual sí que lo hay, quien sabe.
Tengo la manía de ocultar todo lo que hay detrás de mis pensamientos y al mismo tiempo sacar todo lo que me atormenta en una milésima de segundo. Así como vomitando todo lo que me obstruía la garganta. Pero eso depende del día. Si hay viento o no.
Y por viento me refiero a la persona que me descubra. Que descubra que hay algo que está mal. Que está roto.
¿Estás bien?
No
¿Qué te pasa?¿Cuál es el problema?
No lo sé. ¿Todo?
Todo está gris. Y por más que llueva no se vuelve verde, no hay vida. Está seco, esperando un agua diferente, un agua especial, único, personal. Con olor a esperanza y amor. Con la esencia de uno mismo.
La esencia. Eso que nunca debemos perder por que cuesta encontrarla. Aquello que te hace ser quien eres. Ser para ti, no para los demás.
Siento que en ocasiones la pierdo. Pierdo lo que soñaba, pierdo lo que me gustaba, pierdo lo que era levantarse y sentirse vivo y lleno de pasión por algo.
De tanto que choqué en movimiento, me obligué a poner el freno. Y aquí estoy, con ganas de avanzar pero sin las claves para cambiar lo que me detiene.
Una vez más, no busques significado a estas palabras, sólo querrán llenar huecos en blanco. Una vez más, vaciar un poco lo negro que hay dentro.
(Os dejo mi página donde a veces escribo y me pierdo entre palabras, click aquí)

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